LA
ÉTICA
Dentro
de la filosofía, la ética es una rama cuyo
objeto de estudio se centra en la moral como
una virtud del ser humano, que se relaciona con deberes que tiene
como ciudadano de una sociedad determinada, y por la cual puede
alcanzar un estado de armonía y felicidad en relación a
su espacio y al conjunto de individuos con los cuales lo comparte.
Podemos distinguir tres
tipos de éticas,
de acuerdo a su plano de aplicación.
Es
fundamental reconocer que
ética moral no
apuntan a un mismo concepto, aunque por sus raíces latinas,
ambos términos se relacionen al concepto de “costumbre”.
Pero, la moral es un concepto mucho más abstracto, y la ética
por su parte es una disciplina que la posee a la misma como su objeto
central de estudio. Desde la ética, se abordan todas las
dimensiones de la moral: a qué hacemos referencia cuando
decimos “moral”, las aplicaciones de un sistema moral en
la sociedad, su justificación racional, y cómo puede
éste vincular las acciones de un individuo como ser social, es
decir, como un ser integrante de una sociedad determinada.
Podemos
rastrear los principios de la ética en los mismos orígenes
de la filosofía en los tiempos de la Grecia antigua, y
precisamente se constituye como una de sus ramas en cuanto necesita
de la reflexión y la presentación de argumentos para su
desarrollo.
Podemos
identificar tres sub divisiones de la ética, de acuerdo a la
dimensión del ser humano que abordan, y entonces reconocemos a
la meta
ética,
el plano quizás de mayor reflexión y abstracción
dentro de la ética, pues supone la reflexión acerca del
“deber
ser”
del individuo, y cómo sus acciones están orientadas
hacia un fin. Dependerá del propio individuo que este fin
perfeccione a si mismo una vez alcanzado. Luego, encontramos la ética
normativa,
que se ocupa de definir los rasgos o características de las
acciones o actos de los individuos que le permiten determinar el bien
moral.
Por
último, identificamos a la deontología,
que es la sub división de la ética que aborda aquellas
acciones que deben (y las que no deben) ser realizadas, sin tener en
cuenta si las consecuencias de su concreción pueden ser
positivas o negativas. Son todas las obligaciones del individuo que
este mismo debe cumplir, y donde no importan qué consecuencias
traerán dichos actos. Esta última, se relaciona con el
accionar profesional (deontología profesional), como por
ejemplo en el caso de médicos, donde ante un determinado caso,
se “debe” obrar de tal forma, y es un deber profesional,
más allá de las consecuencias en las que puede derivar
su obrar.
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